24.4.11

Crecer es rendirse.

Un niño llora en un rincón. Su monstruo se acerca, le pregunta que le pasa, le abraza, le consuela, el niño se queda dormido y el monstruo lo acuna con ternura.
Una niña llora en la otra punta del mundo. Su monstruo se acerca, le seca las lagrimas con su suave zarpa, le hace cosquillas, la niña se ríe, deja de llorar y el monstruo y ella se abrazan. 
Unos hermanos se pelean en el jardín, se enfadan, su monstruo se acerca y les calma, les cuenta una historia y se ríen juntos, se hace de noche y se van a dormir.

Al rededor de todo el mundo, cientos de adultos lloran, se enfadan, protestan, duermen. Son adultos, y no tienen un monstruo que les cuente ningún cuento. Cuando les llegó la hora, decidieron vivir en la realidad y olvidar sus sueños, decidieron dejar de ser inocentes, de tener curiosidad por conocer todo lo que les rodeaba, crecieron, y se rindieron, porque sabían que la imaginación es algo que cuesta mantener vivo.

Yo no quiero dejar de tener un monstruo debajo de la cama, no quiero dejar de sorprenderme cada vez que miro al cielo, no quiero dejar de andar descalza ni de correr, ir en bici ni de comer helado. Yo ME NIEGO a rendirme.



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