Mostrando entradas con la etiqueta Historias sucias.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias sucias.. Mostrar todas las entradas

5.6.12

Incoherencias sucias.

El viento desgarra la madrugada, y no me apetece escribir nada poético, esos textos nulos cargados de metáforas y juegos de palabras, vacíos y sin sentido, surgidos por un impulso, aburridos. Esta noche no. Hoy seré visceral y cruel, cuchilla, llanto  y pies descalzos en el agua fría. Me apetece dejar de bombear sangre un momento y ser presa de la realidad, como una puta en un callejón helado, con medias de decadencia, sin bragas, sin futuro. Esta noche es negra como mis pulmones, huele a nicotina y a whisky barato, a carmín corrido, a dinero sucio. Ruletas rusas en el Madrid de las bocas blasfemas, y yo en medio del Atlántico con heridas en la espalda de tanto restregarme con cristales rotos. Que contrariedad, una, que vive en lo que muchos llamarían paraíso, desea vivir en un barrio marginal alumbrado por horribles luces naranjas, una, que tiene playas de preciosa arena dorada a escasos 20 minutos de casa, desea pasear de madrugada por la ciudad mas fría y húmeda que exista sobre la faz de la tierra. No he nacido para ser princesa, me di cuenta hace ya mucho tiempo, aunque siempre me han gustado las coronas de espinas.






Mañana todo volverá a ser como antes, volveré a querer volar y repoblar el mundo de flores, mientras tanto, disfrutad de mis momentos decadentes. 

10.12.11

Mezcla de sueño y alcohol en una tarde con canciones tristes.

Un día raro, nada es lo que parece. Desayuno en la cama y cerveza fresquita, niebla, frío y noche. No llego a saber el final de mi tarde nublada , estoy demasiado borracha para entender lo que sucede. ¿Te quiero? no, no era ese nuestro final. Nadie supo nada y nadie lo sabrá, porque todo fue como una botella con mensaje que termina en la boca de una gran ballena con destino a ninguna parte, y de eso hace ya mucho tiempo. 
El cielo me cuenta que no es correcto arrastrar las rodillas y sangrar hasta morir, pero estoy escuchando una y otra vez tu melodía y no le oigo. Déjame Cielo, tu que sabrás de mi sangre y de mi suelo, de mis zapatillas viejas corriendo a toda velocidad calle abajo con el frío rasgando mi garganta, que sabrás tu, allá en lo alto, tan hermoso, salpicándome de constelaciones las retinas, que sabrás tu de querer y de dolor, tan grande e inmenso y tan lejano...
Me voy, no me busques, no me encontrarás, estoy escondida en tu piel y me pierdo por cada célula de ser, soy el virus del recuerdo borroso, de la resaca mezclada con la culpabilidad por la certeza de que has hecho algo mal, pero no recuerdas el que. Maldita puesta de sol, me ha vuelto a despertar. 


18.11.11

Sangre. Alcohol. Tinta.

Me vacío poco a poco, la sangre mancha el suelo, la vida se me escapa por las grandes grietas que he abierto en mis brazos, ya inertes. La luz está encendida y dentro de un rato el teléfono sonará, pero quien quiera que llame en un momento tan íntimo como es mi muerte no obtendrá respuesta. 

Tengo claro que tardarán en echarme de menos, en percatarse de mi no existencia, pero no lloraré el que nadie me recuerde porque nunca lo hice. ¿La soledad? es lo que menos me importa. No es la soledad lo que me ha destrozado la vida, la soledad siempre ha sido mi mejor amiga. La soledad es la mejor amante de los poetas, se folla a nuestras mentes y nos hace permanecer en un eclipse constante y sombrío, por lo menos, a los que son como yo, eternamente disconformes, distantes e incoherentes, de los que no creemos en las historias de amor, si no en el sexo sin sentido en algún callejón sucio, de los que bebemos y nos drogamos y escribimos mientras vomitamos en el suelo al borde del coma etílico, de los que viajamos en un barco sin velas y hablamos de filosofía con las putas y con los vagabundos con sida. Si, definitivamente la soledad no ha sido el motivo de mi muerte.


Las cataratas de mi sangre sucia y espesa continúan derramando mi ser por la habitación. El teléfono ya ha dejado de sonar y la ventana está abierta, el aire congelado de octubre entra y hiela lo poco que queda de mi.  



Siento que me evaporo, que desaparezco, mi campo de visión cada vez se estrecha más. El tiempo parece detenerse, pero he decidido no mentirme a mi misma y ser consciente hasta el último momento de que no va a cambiar nada cuando ya no esté, los borrachos seguirán llegando tarde a casa, como lo hacía yo, despertando a los vecinos y llorando en las esquinas de sus sucias casas, y que los yonkies del Rabal van a continuar poniéndose hasta el culo de jaco, con todo el abecedario de Hepatitis en sus podridas venas. Sí, todo va a seguir como siempre, por eso siento, o sentía, tanto asco, porque todo parece inamovible. Asco que nacía de mi negro corazón de poetisa desgastada y marchita. Toda yo era asco, y me dejó de importar en el momento en el que me di cuenta que ese asco me hacia escribir cada día peor, que me encerraba mas en mi burbuja, que enmarcaba mas mi palidez y mis ojeras. Debo reconocer que  me encantaba, adquirí el rol que deseaba desde siempre, la oveja negra que se mueve silenciosa como una sombra, nocturna, decadente, aspirando siempre al triunfo, cayendo en el bucle de los desesperados, con los dedos manchados siempre de tinta. Eso es. La Tinta. En el último aliento de vida que consigue bombear mi corazón me percato de lo que ha acabado conmigo es la tinta, mis retinas consiguen girar para ver que estoy rodeada de papeles garabateados y botellas vacías, de poemas con rimas patéticas, versos repugnantes que parieron mis manos, ahora ya frías. Siento deseos de llorar.
 
El teléfono vuelve a sonar, y los vecinos vuelven a discutir. Una ambulancia se oye a lo lejos, no se dirige a mi apartamento. Muero acompañada de mi soledad, me viola por última vez, en el suelo, manchándose con mi sangre, revolcándose en ella. Mis parpados, abiertos sin posibilidad de ser cerrados, se vuelven hielo junto con todo lo que he dejado de mí, unos cuantos poemas, dos botellas vacías y un cadáver hecho girones. 

16.6.11

Antagonismo.

Soy una puta barata en un hotel de carretera. He roto mis tacones contra tu desprecio, y el rimel ha escrito 'jodete' en mi cara de muñeca abandonada. Estoy aquí, contigo, con Nadie, bebiéndome las lagrimas en vasos de chupito, emborrachándome como una perra con la poca fuerza que me queda después de luchar contra tu cuerpo y contra el mio, contra las ganas de mandar todo a tomar por el culo. Explota la rabia y rompe los cristales de la habitación, todo es odio, y volvemos a caer entre las sabanas desgastadas de tanta batalla, aunque aquí no hay trincheras y no tengo donde esconder mi vergüenza, así que recurro a las grietas mal curadas de mi pecho. 
Nos hemos vuelto antagónicos, dos polos opuestos de un planeta alejado del sol donde no hay oxigeno y hace frío. Nos abrazamos, si, pero por el simple hecho de calentarnos, porque estamos muriendo, y la escarcha no nos deja movernos, estamos muriendo abrazados, pero deseamos aniquilarnos uno a otro a puñaladas, prendernos fuego, morir juntos pero separados. 





30.5.11

V.I.C.I.O



Salvajes, animales atrapados en jaulas, queriendo salir y devorarse entre ellos. Devorarse entre ellos sin hacerse daño, devorarse con los ojos. ¿Ropa? ¿que ropa? ya bastante tenemos con la piel. 
Poner música y dejarse llevar, que le jodan a los vecinos si les molesta el doble bombo, tenemos toda la noche para componer nuestra propia melodía de arañazos y mordiscos.
Luces distorsionadas, drogas, increíbles abanicos de colores desplegados en nuestros sentidos. Vamos a dejar que las manos hablen, que las palabras suenan estridentes y carecen de sentido. Lenguas muertas, sabemos latín.
Iremos al infierno, porque en el cielo no venden condones.



27.5.11

Necesitaba heroína para mi corazón drogodependiente, que moribundo, hablaba en un callejón con las ratas, que se lo comían poquito a poco. Necesitaba un pico de anestesia, y vio el cielo en la jeringuilla que recogió del suelo, pero no encontró la vena y la desesperación invadió sus ventrículos. Bombeaba mentira, sangre negra, espesa.  Era el órgano olvidado, su latido vacilante entonaba sonetos de Lope de Vega, que oyó recitar años atrás a un loco que hablaba con las ratas, y poco después moría de sobredosis de amargura, en un callejón que se lleno de vacío, el mismo vacío de siempre.



''que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.''