17.1.12

Thurisaz.

Un hombre alto me observaba desde el umbral, atravesándome con una mirada gélida como el hielo. Su rizada barba reposaba sobre su pecho, y su piel lucía varias cicatrices a pesar de ser blanca, quizá poco curtida para tratarse de un guerrero. Las antorchas que guiaban hacia aquella gran puerta de madera ennegrecida y metal herrumbroso alumbraban la mas profunda oscuridad, no hacía frío ni calor, incluso cuando me acercaba a las llamas de la vereda de aquel camino no notaba calidez alguna. No se oía ningún sonido pero tampoco te invadía un silencio sobrecogedor, y aquel centinela de mirada perturbadora seguía inmóvil frente a la puerta. No era consciente del movimiento de mi cuerpo, mi ser era liviano, rozando lo etéreo , pero indudablemente me dirigía hacia delante, hacia ese hombre con aspecto bárbaro, con el rosto crudo de quien ha visto la muerte y ha conversado con ella, y me estaba esperando. Llegué frente a él, y de pronto las llamas de las antorchas se desvanecieron, pero la estancia no quedó a oscuras, pues la puerta se estaba entreabriendo y de ella salía una luz pálida, como la de un amanecer frío. Intenté hablar, articular alguna palabra, pero fue inútil, mi voz parecía anulada por algún embrujo. Fue entonces cuando algo sobre mi pecho ardió haciéndome llevar la mano directamente hacia aquello que abrasaba mi piel. Era una piedra, una lagrima de un color verde profundo colgada de una fina cadena plateada y en su centro un símbolo, una antigua runa. El centinela extendió su mano. Dudé, sus retinas clavadas en las mías invadían mis pensamientos, mis actos,  no entendía por que no quería darle aquella piedra candente. Entonces pensé 'déjame pasar', y esbozando una sonrisa, el guerrero me dirigió la palabra.


-¿Estás segura que eres capaz de pasar por esta puerta?


 No entendía nada, el seguía con la mano extendida, y yo no deseaba entrar por aquella puerta, pero algo dentro de mi me obligaba a hacerlo, así que deposite el colgante en la mano de aquel extraño personaje y le miré de nuevo a los ojos, descubriendo un azul aun  mas oscuro que antes, y pregunté, esta vez rompiendo aquella monotonía de silencio o  no-silencio:


-¿Quién eres?
 -Thor, ya puedes atravesar mi puerta, caminante- respondió de nuevo con una voz que hacía temblar las paredes.


Eché a andar, la luz me cegó y caí de rodillas al suelo, sintiendo un manto de nieve bajo mis manos. Un guerrero a caballo surgió de mis espaldas y se alejó cabalgando, y la puerta se cerró tras de nosotros, dejando por delante un bosque nevado y un amanecer rayando el cielo.

2 comentarios:

  1. :) Todo muy ricamente detallado, me gusta. :)

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  2. Buen relatillo.

    Oye, ¿qué es de ti?, llevas mil sin conectarte al msn xD

    Besines poetisa del caos :)

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